En aquella época, yo misma estuve en tu situación,
necesité acompañamiento psicológico y acudí a
terapia. Allí conocí a la que, a posteriori, fue una de las personas más importantes de mi vida,
mi psicóloga. Nunca olvidaré sus palabras:
“Algún día serás mi sucesora, y lo harás muy bien. Ayudarás a los demás a conseguir el bienestar; ese será tu propósito en la vida…”
Me escribió una de las cartas más bonitas y motivadoras que he recibido nunca. La tengo bien guardada como el tesoro que es, y de vez en cuando la vuelvo a leer para reafirmarme en el camino que he emprendido.
En la etapa en la que trabajé en la empresa familiar me sentí realizada y satisfecha con mi labor. Fue una etapa de un valioso aprendizaje, no obstante, la vocación acabó haciéndose un hueco.
Hace unos años decidí hacer caso a mi corazón y lanzarme a aprender lo máximo posible sobre mi pasión, la psicología. Estudié el Grado en Psicología, un número considerable de postgrados de especialización en diferentes ámbitos, muchos cursos, y finalmente cursé el Máster de Psicología General Sanitaria.
A lo largo de todos estos años de preparación, compaginé los estudios con la maternidad. Tuve tres hijos que ahora tienen 12, 10 y 8 años, y que, junto con mi marido, son mi gran apoyo y una fuente de inspiración.
Años más tarde tomé la decisión de dar un paso adelante, salir de mi zona de confort y llevar a cabo mi sueño: montar mi propia consulta de psicología. Mi infancia se desarrolló dentro de un ambiente familiar empresarial y con la profunda influencia de una abuela emprendedora, adelantada a su época. Supongo que la combinación de ambos factores acabó reflejándose en mi proyecto.
Durante toda mi formación, resultaba difícil para mí optar por un solo modelo psicológico concreto hasta que encontré el método integrativo, que aúna herramientas de varios enfoques. Y ahí sí, por fin, me sentí cómoda y decidí que sería el modo en el que iba a ayudar a las personas que acudiesen a mí en busca de bienestar.
Por otro lado, también creo en observar a la persona desde una perspectiva holística, y en consecuencia, concibo la terapia como un proceso de mejora a nivel físico, mental, emocional y espiritual, entendiendo la espiritualidad como un proceso de introspección y conexión con uno mismo y con su entorno. Es decir, sin olvidar el componente social intrínseco al ser humano.
Poco a poco, todo iba encajando en mi cabeza y sentía que encontraba mi lugar dentro de la psicología.